Mecnia

Saga Literaria de Fantasía Juvenil

6: Bruna

Libro 1

Cuando despertó, los hombres salvajes ya se habían ido. Aún tumbado en la tierra, Kyros recordó el tacto ardiente de la arena de Mons Ignifer y agradeció que la tierra de Dunoe fuese más agradable. Se puso de rodillas y echó un vistazo a su alrededor. Su espada estaba a escasos metros de él, y el hombre al que había herido seguía tirado a su lado. Pero aparte de eso, no había nada ni nadie más.

“Enya, Derlok… se lo han llevado todo…”, lamentó Kyros.

Se levantó por completo y recogió su espada. Entonces se acercó al contrincante derrotado y observó su rostro desesperado en la oscuridad. Tenía un corte profundo en ambas piernas, con la sangre mugrienta y reseca.

—¿Me oyes? —preguntó Kyros.

No obtuvo respuesta.

—¡Eh!

Tras una segunda evasiva, Kyros probó suerte dándole una fuerte patada en las costillas. El hombre se quejó, retorciéndose.

—Qu… Qué…

—Dime hacia dónde van el Nekso y tus compañeros.

—Mis… comp… —dijo a duras penas.

Kyros notaba el flujo de su sangre corriéndole a un ritmo ascendente.

—¡Dímelo! ¡Dime algo! —Alzaba la voz, desesperado, pero el hombre seguía con la mirada cubierta y con la voz silenciada—. ¡Maldita sea! ¡Malditos tú y tus compañeros! —Kyros le pataleó el cuerpo, incluso la cabeza.

Colocó la mano en la empuñadura de la espada, pero no la sacó de la funda. “Ya está muerto”, se convenció a sí mismo, y empezó a caminar hacia el norte de Ora.

***

Estaba tan cansado que arrastraba los pies. La arena era cada vez más voluptuosa y pesada. Sacó su cantimplora, pero ya no le quedaba ni una sola gota de agua. Sabía que estaba en un desierto y sentía que la misma arena le engullía con cada paso que daba. Más dunas le hacían compañía por los alrededores, y la sierra de Mons Praeton se veía cercana, con los picos de las montañas triangulares tan enormes frente a él que le parecía que eran los dientes de alguna boca monstruosa.

Continuó caminando, inhalando y exhalando cada vez con más intensidad, llenando sus pulmones de aire caliente. Miró con decisión y esperanza hacia adelante y distinguió una figura: era un hombre que estaba de espaldas y miraba hacia abajo.

Kyros no dijo nada, a lo mejor por no saber qué decir o quizá por no quedarle aliento suficiente para poder hacerlo. Se limitó a acercarse hasta que el hombre le pudo oír respirar. Tenía el pelo bien rapado, era fuerte y robusto, casi tanto como los secuestradores de Enya, pero éste tenía la piel clara, casi tanto como a joven pelirroja. Kyros y él cruzaron miradas.

Sus ojos eran muy azules. Eso y un dibujo en el brazo izquierdo atrajeron la atención de Kyros. Un tatuaje con una llama de fuego negra se posaba entre su bíceps y el tríceps. Era el mismo tatuaje que tenía Enya. Tantas coincidencias con su compañera desaparecida no le sabían a casualidad.

—¡Por los dioses de Ánima, muchacho! ¡Qué pintas son esas! —exclamó el hombre con una voz densa y experimentada.

Se le acercó y le ofreció apoyo en sus brazos musculosos. El azul tan claro de su mirada intimidaba.

—Anda, ¡siéntate en esta roca! Y toma. —Cogió un frasco que tenía en el suelo—. ¡Bebe!

Kyros no dijo que no. Aceptó de buena gana el trago y el hecho de sentarse a descansar. Se dio cuenta de que si seguía bebiendo con tanta ansiedad, se la acabaría toda. Echó una mirada de aprobación al hombre rapado.

—¡Bébetela toda, muchacho! No me gusta nada el sabor de la lluvia. ¡Prefiero escupir mi saliva y tragármela! ¡Ja, ja!

—Gracias. ¿Has… has visto pasar a un grupo de hombres a caballo? —preguntó Kyros, con un tono recuperado.

—¡Ya lo creo! Hace un rato, ya… No sé cuánto exactamente. ¡Odio que no existan las horas en Noctum, muchacho!

—Deja de llamarme muchacho, por favor. Soy Kyros.

—Un placer, Kyros. Yo soy Brean.

—¿Hacia dónde se dirigían?

—Todos van hacia la sierra Praeton. Yo también. Pero, ¿ves este agujero? —Brean señaló un hoyo negro en el suelo.

El agujero estaba rodeado de pedruscos. La negrura era tan clara que no se podía intuir su profundidad, parecía no tener fondo.

—¿Lo has hecho tú?

—¡No! Mis dedos no son tan fuertes como para excavar algo así. Ya estaba cuando he llegado. Parece la entrada a un túnel subterráneo, ¿no?

—Eso parece…

—Seguro que da a Basius. ¡Debe ir a Basius!

—No será tan fácil…, Brean. —Kyros recordó su nombre—. Puede ser cualquier cosa… Un mero refugio, por ejemplo.

—Seguro que el agujero lo hizo algún monstruo gigantesco para meter su… ¡Ja, ja! —Brean reía solo, pero feliz.

—Hay una leyenda, no sobre un monstruo, pero sí sobre un lugar…, una mansión bajo la arena de Ora.

—¡¿Cómo?!

—Sí, corre el rumor de que hay una casa subterránea tan grande que es un laberinto, y se supone que es por estas mismas tierras. —Kyros miró alrededor—. Es la leyenda de la mujer azul.

—¿Una mujer azul? ¡Ja, ja! Parece verdad eso que dicen de que en Noctum se bebe alcohol por doquier. Esa mujer del mito, ¿tiene todo el cuerpo azul?

—No lo sé. Hay quienes dicen que sí, que toda ella es azul. Otros cuentan que sólo es el cabello. Cuentan que es una bruja, y que es el ser más temible y poderoso de Noctum después de Umbra, el manipulador de sombras. La mujer azul nunca sale de la mansión subterránea, pero todo el que ha intentado encontrarla se ha perdido.

—¿Y por qué alguien querría ir a ver a tal bruja?

—Porque esconde secretos que nadie más sabe y cumple un deseo a aquel que la descubra, como premio. O eso dicen.

—Suena a mentira podrida… —Brean no pudo disimular la sorpresa en sus ojos, que se abrieron como platos—. Pero tú lo explicas como si te lo creyeras. ¡Baja de la luna, muchacho!

—Puede ser verdad o puede no serlo. Sea como sea, debo partir y seguir el rastro de los hombres que has visto.

—Eso es una locura, muchacho.

“Muchacho otra vez no, por favor”, pensó Kyros.

—Lo tuyo con el hoyo éste sí que es una locura. Como agradecimiento por el agua, ¿quieres que te ayude a algo antes de que me vaya?

—Hm… —Brean se acarició la barbilla, pensativo—. Entra conmigo dijo señalando el agujero—. No te preocupes, yo voy delante.

Kyros le miró dubitativo, sin saber qué responder. Se acercó al hoyo para examinarlo, pero no demasiado. Volvió a mirar a Brean y ladeó la cabeza de izquierda a derecha.

—Vamos… a lo mejor esa mansión legendaria que dices existe de verdad, y ésta es la entrada. ¡Imagínate que la mujer azul existe y te da un tesoro con monedas de esas que utilizáis por aquí! Además, si no hay nada, ni siquiera un camino, partiré contigo. Te ayudaré a encontrar al grupo que buscas.

—Está bien. Intenta bajar, si quieres…

Brean asintió con la cabeza. Metió la punta de un pie en el agujero con lentitud y precaución. Fue descendiendo de espaldas, sumergiéndose en una oscuridad más negra que la que había en el exterior. Agarrado con las manos a una de las piedras, movía las piernas tensándolas hacia abajo e intentaba tocar algo de suelo.

—Muchach… ¡Kyros…! Tú todavía no haces mecnia, ¿no? —preguntó, aguantando sin perder el control.

—No, todavía no. ¿Tocas fondo?

—N… No…

Kyros le agarró con fuerza de los antebrazos y le ayudó a salir. Brean se puso en pie y se sacudió las manos. Miró otra vez a la fosa e hizo ademán de volver a entrar.

—No lo hagas, Brean. No vas a poder ver nada allí abajo.

—¡Maldita sea! ¡Si por lo menos aún pudiera usar mi mecnia! —Se acarició el tatuaje del brazo.

—No te preocupes. Nos apañaremos mejor en esta oscuridad exterior que en la de dentro de ese túnel.

—Eso es verdad, allí no veríamos nada de nada. ¡Seguro que hubieras aprovechado para meterme mano, bribón! ¡Ja, ja!

Kyros arqueó la ceja.

—Venga, vamos andando. ¿Por dónde decías que han ido los caballos? —preguntó, desviando el tema.

—Por allí, más o menos… —Brean apuntó con el dedo hacia una dirección en el noreste—. No lo he visto muy bien, pero sí que se han oído varios relinches y trotes. Y risas, sobre todo risas. ¿Para qué quieres seguirlos? Aunque ya me lo imagino… ¡Eres listo!

—¿Qué te estás imaginado?

—Es un grupo fuerte, capaz de atravesar Mons Praeton con la ayuda del Fénix. Irás detrás de ellos, esperando a que limpien el camino… y llegarás a Basius sin tener que enfrentarte a nada ni a nadie. ¡Qué ingenioso eres, chico!

—Pues no era mi intención, aunque no es mala idea, no.

—¡¿Que no era tu intención?!

—No. Han secuestrado a mi amiga. Salvarla es lo que quiero.

—¡Ja, ja! Claro que sí. Ya me dirás cómo tienes pensado hacerlo, porque a simple vista parece… bueno, parece no, es imposible.

—No sé cuánto tiempo llevas aquí en Noctum, Brean. Pero como ves, la única luz que hay aquí proviene de las estrellas, de la luna y de la lava. Aquí todo son sombras; y yo he nacido y me he criado entre ellas. Si voy a escondidas y los encuentro, quizá ni me haga falta enfrentarme a ellos. Quizá, sólo quizá, podré llevarme a Enya y a Derlok sin que se enteren.

—¡Qué cojones tienes, zagal! Brean le dio una palmada en la espalda a Kyros que casi lo tumbó boca abajo.

—Y tú qué manazas tienes.

—¡Lo sé, muchacho, lo sé! —Sonrió con orgullo.

***

Caminaban juntos por el paisaje desértico y vieron algo de humo en la distancia hacia la derecha, lo cual indicaba que el río de lava estaba por allí. Siguieron sus pasos hacia el noreste, pisando un terreno de un marrón cada vez más claro en el que se alzaban más árboles muertos y rocas. Finalmente, vieron un conjunto de chabolas. Se acercaron acercaron a una multitud de gente y a las fogatas que iluminaban la zona: habían llegado a la aldea Bruna. Recordaba a Ruber, el pueblo de Flaureus donde vivía Enya, pero en Bruna se veían más habitantes, y las personas parecían más unidas y animadas. Sonaban unos tambores y voces femeninas de diferentes tonos y edades cantando:

Bati otaira pereru toba

Yigle niteru perera cahu

Sawai bati moreca

Urega niatu

Brean y Kyros se acercaban a paso lento. Observaban una hoguera en el centro rodeada por chicas jóvenes bailando en círculos mientras cantaban. Todas las mujeres, abuelas y niñas del público acompañaban con entusiasmo el canto de las bailadoras:

Bati otaira pereru toba

Yigle niteru perera cahu

Sawai bati moreca

Urega niatu

Algunas desafinaban más que otras, pero sus gestos revelaban que eso era un motivo más para sonreír y pasarlo bien. Las jóvenes que rodeaban la gran llama del medio tenían todas el pelo moreno. Vestían poca ropa y mostraban los hombros, los codos y el ombligo. Alternaban el color negro, rojo y marrón con algunos complementos amarillos y azules. Movían las caderas al compás de los brazos, arriba y abajo. Los hombres vitoreaban sus cuerpos exquisitos y cantaban la misma canción, aunque en voz baja, mientras tocaban los tambores.

Entre el público tan animado había una mujer de mediana edad sentada en una silla de madera. La cabeza la tenía cubierta por un velo negro, pero su rostro estaba descubierto. Su respiro era lento y débil, sus ojos parecían estar cansados de mirar. El vestido, de una sola pieza, era del mismo color marrón que la arena. Llevaba pulseras plateadas y doradas, y un colgante redondo con un Reflejo de Noctum. Era una Nekso. Parecía no estar atenta al canto y que permanecía ajena a todo aquello, tanto que fue capaz de escuchar la arena arrastrada por los pies de Brean y Kyros mientras llegaban, pero no se molestó en mirarlos, todavía.

—Kyros…, todo esto es nuevo para mí. ¿Qué ritual es este? —preguntó Brean.

—La canción la he oído antes. Si no recuerdo mal, es la canción de la lluvia. Quieren que llueva.

—¿Qué? ¿Llaman a la lluvia? ¿Así rezan a los dioses de Ánima?

—¿A los dioses de Ánima? No, cantan en el idioma de la lluvia. ¿Para qué iban a pedir a los dioses de Ánima que llueva, si se lo pueden pedir a la propia lluvia? Tienen pinta de ser nativos de aquí. Aquí, en Noctum, nadie se fía mucho de los dioses… la mayoría piensa que nos abandonaron hace mucho tiempo.

—Estás soltando unas barbaridades alucinantes, muchacho. ¿Dices que la lluvia tiene un idioma? ¿Y que tú lo hablas?

—Claro. Todas las cosas tienen un idioma común: Az Hox. La lengua de los dioses. Yo lo hablo muy poco. La canción, por ejemplo, la puedo traducir: “Y baña al ser femenino en su totalidad; Moja al que sea masculino también; Cielo y Tierra, unidos estén”.

—¿Y dices que, si cantan y bailan eso, lloverá?

Las gotas del cielo empezaron a caer, esparciéndose por todo lo que pillaban hasta llegar al suelo. Brean abrió la boca y no la pudo cerrar durante unos cuantos segundos de lo alucinado que estaba. El público del ritual aplaudía y reía con más intensidad, pero las mujeres no dejaban de cantar ni de bailar. Seguían moviéndose alrededor de la llama y no pararon hasta que la lluvia la apagó por completo.

Los habitantes se dispersaron con sus frascos vacíos al aire e intentaban atrapar toda el agua que conseguían. Una niña se acercó a Brean y Kyros. Les miró y les sonrió con amabilidad.

—Saheru os quiere ver. —Su tono era tan agudo que sonó como el maúllo de un gato.

—¿Saheru?

—Está sentada en aquella silla de madera. —La niña apuntó con el dedo a la Nekso del velo negro.

Oye. —Kyros se agachó, intentando igualar la estatura de la pequeña—. ¿Cómo te llamas?

—¡Nikté! ¿Y tú? ¿Y tu amigo sin pelo? —Miró a Brean.

¡Oye! ¡Que sí que tengo pelo, pero me lo he cortado!

—Yo soy Kyros, y este hombre tan fuerte es Brean. Nikté, ¿has visto a mucha gente pasar por aquí?

—¡Sí! Pasan muchos y muchas. Algunos descansan aquí, pero todos se van allí. —Apuntó con el mismo dedo que antes a las montañas Praeton.

Y por casualidad, ¿has visto a una chica con la piel clara, así del color como la de mi amigo Brean? Y con el cabello rojo, hasta el cuello.

—¡Sí! Ha comido aquí.

—¿Has hablado con ella? ¿Estaba bien? ¿Estaba sola?

—No lo sé… Estaba con muchos hombres, pero me gustaba mirarla, ¡me gustaba su pelo! Siempre hacía así con los dedos. —La pequeña NIkté hizo el gesto típico de Enya cuando se peinaba el flequillo hacia el lado.

Kyros, vamos con…, ¿cómo se llamaba quien nos quiere ver? —Brean miró a la niña en busca de la respuesta.

—¡Saheru! —Le miró con el entrecejo arrugado, enfadada—. ¡Sa-he-ru! ¡No lo olvides nunca! —Volvió a mirar a Kyros y sonrió—. Acompañadme.

Nikté les guió escasos metros hasta llegar a la silla donde aguardaba Saheru. Brean y Kyros se pusieron en frente de ella, y ella levantó el rostro para contemplarlos con decencia. El color de su iris era del color del café, y ni su lenta respiración ni el agotamiento que su rostro mostraba lograban disimular su preciosidad. Movió sus labios, muy besables y rosados, para hablar.

—Forasteros…

Saheru se dirigió a ambos con curiosidad, repasando a ambos con una mirada circular de arriba a abajo y de abajo a arriba. Brean no pudo evitar sonrojarse.

—Puedes llamarme Kyros. —Se arrodilló y, antes de clavar su mirada en el suelo, se fijó en el Reflejo de Noctum que Saheru llevaba de colgante.

—Brean. —El hombre rapado miró desconcertado a su compañero y le imitó.

—Kyros, Brean. Bienvenidos a Bruna.

—Es difícil ver a tanta gente unida aquí, en Noctum —confesó Kyros.

—Cierto. —Saheru asintió descendiendo la cabeza con elegancia—. Pero ahora debemos prevalecer juntos. Ahora más que nunca. No podremos aprovechar la oportunidad que nos conceda el Fénix si seguimos siendo egoístas. —Saheru iba recuperando el aliento y el respiro común.

Se os ve cansada —confesó Brean con su voz grave, pero tímida—. Si os podemos ayudar en algo…

—Gracias, Brean —respondió Saheru, y él se sonrojó otra vez—. Mi cansancio se debe a la reciente cacería. He logrado reunir carne para todos, incluso para los que sólo estáis de paso. Sois libres de comer y reposar mientras estéis aquí en Bruna, a cambio de un solo favor: respeto.

—¿Respeto? —preguntó Brean, sorprendido. Kyros seguía mirando al suelo.

—Eso es. —Saheru volvió a asentir atractivamente—. Es bien sabido que en Noctum es casi improbable que unos se respeten a otros; siempre hay robo, traición e incluso muerte. Incluso un expulsado de Basius como tú debería saberlo. Sin ofender. —Le miró el tatuaje negro del brazo y sonrió con un amago de ironía.

—Sí, sí, lo sé. Por eso me cuesta creer que pidáis respeto en Noctum.

—Hay gente que todavía tiene esperanza. Son pocos, pero esos pocos hacen mucho. He conseguido reunirlos aquí, en Bruna, y junto con ellos llevamos tiempo recolectando recursos para todos. Así habrá más gente que se una a nuestra causa. Si cooperamos juntos con Umbra y el Fénix y vencemos, no hay duda de que el jolgorio será más frecuente. Así que debéis mostrar respeto, de lo contrario os uniréis a aquel montón. —Saheru alzó el brazo y señaló un espacio repleto de cadáveres—. ¿Entendido?

—En… —Ambos tragaron saliva—. Entendido.

—Cuando reunáis energía suficiente como para afrontar la lucha venidera, podéis marchar. Imagino que tú, como nativo de estas tierras, conoces el lema de guerra Noctum —dijo, refiriéndose a Kyros.

—“El mejor ataque vence la guerra”recitó él.

Correcto; aseguraos de estar preparados para ello. Eso es todo. En aquella cabaña encontraréis comida. —Saheru señaló una chabola—. Podéis recoger agua mientras llueve.

Kyros y Brean sacaron sus frascos tan rápidamente que a Brean se le cayó al suelo, pero no se rompió. Aliviado, suspiró.

***

Masticaban y bebían, mientras observaban a los demás en el pueblo de Bruna. Algunos cuchicheaban y miraban de reojo a otras personas, otros se reían a carcajadas. Sorprendía ver la gran cantidad de botellas de alcohol que bebían a morro. Unos niños inspeccionaban los tambores con travesura o corrían alrededor de lo que quedaba de la hoguera, imitando a las hermosas bailarinas que ahora estaban siendo cortejadas por los mozos del lugar. Brean observaba a una de ellas sonriendo a alguien, un joven con el pelo amarillo de punta y una gabardina azul.

—Kyros, mira ese mozuelo de allí… es raro.

Kyros miró al joven rubio. Parecía mayor que él, pero más joven que Brean. Estaba de perfil, ofreciéndole el brazo a una bailarina con una sonrisa pícara y una luz amarilla en los ojos.

—No puede ser…

—¿Qué pasa, muchacho? —Brean se arrimó a él.

—Sus ojos, creo que son amarillos…

—¡Pardiez!

—Baja el volumen —advirtió Kyros, sintiéndose tan mayor como las abuelas que también cuchicheaban.

—¡Existe de verdad! —vocalizó con el susurro de su aliento, que olía a animal muerto. Kyros apartó la cara hacia otro lado—. ¡Es Ojo eléctrico!

—Sí…

Miraban estupefactos al joven de cabello y ojos rubios. Llevaba un Reflejo de Noctum y otro colgante al lado que parecía de pirita.

—¿Aquí todos son Neksos o qué…? —preguntó Brean.

—No es de extrañar. Todos se dirigen al mismo lugar ahora. —Echó una ojeada rápida hacia Mons Praeton, que quedaba a escasa distancia.

Ojo eléctrico hizo un gesto caballeroso a su guapa acompañante, invitándola a entrar en una especie de tienda de campaña. La joven parecía tímida, pero eso no la detuvo a meterse y ocultarse junto a él.

—Kyros, sé que eres menor, pero van a hacer niños con ojos amarillos… ¡Ja, ja!

Kyrós infló sus mejillas, llenando de aire sus mofletes, aunque no pudo evitar soltar el agua que estaba bebiendo y tosió mientras reía.

—¡Ja, ja! —Brean seguía riendo—. ¡No pierden el tiempo!

—Nosotros tampoco podemos perderlo —dijo Kyros, y se limpió la boca—. Apresurémonos, Brean. Mi amiga Enya no debe estar muy lejos.

—Claro, muchacho —balbuceó con la boca llena. Tragó y se levantó—. Estoy listo cuando tú lo estés.

Kyros se emocionó. Miró sentado hacia su compañero y admiró su predisposición por ayudar.

—Brean…, gracias. —Se levantó—. Pero no hace falta que me ayudes. Apenas me conoces, y quizá prefieras quedarte aquí más tiempo.

La mano gruesa de Brean se abrió ampliamente y dio uno de sus golpes terribles a palma abierta sobre la espalda de Kyros. Un paso hacia adelante le impidió caer de morros.

—Sé que es improbable que las llamas oscuras de Umbra y el Fénix acaben con la luz de la reina Keter en Basius. Sí, lo sé. Sé que es casi imposible que rescates a tu amiga cautiva de un Nekso, y más si encima tiene varios súbditos. Pero tengo mujer e hijos en Basius, chico. No consigo nada quedándome aquí. Además, si no fuera por ti, ¡ahora mismo estaría perdido en un agujero negro!

—Está bien. —Kyros se sacudió la arena de los pantalones—. Vamos.

Ambos se dirigieron hacia la lava, dejando atrás el agradable ambiente de Bruna. El olor a carne se desvanecía, y las carcajadas de la multitud también se apagaban, paso tras paso, hasta que el silencio les envolvió por completo.