Mecnia

Saga Literaria de Fantasía Juvenil

Prólogo

Libro 1

El sol se bañaba en el cielo y atravesaba las ventanas del Palacio de Basius. Daat notó el cosquilleo de los rayos, que se mezclaban con su iris azul y lo pintaban de verde. Se acomodó hacia el lado con sombra de su sofá de terciopelo y cruzó las piernas. Arlina, su madrina, ocupaba al frente otro sillón entero con sus anchas carnes. Tenía ese rostro agraciado de mofletes sonrojados y mirada complaciente que tienen las personas más inocentes y bondadosas del mundo. Miraba concentrada una pieza de ropa que cosía con elegancia y maestría mientras hablaba con la joven:

—Veamos, princesa, cómo recordáis la lección anterior. ¿Qué es mecnia? ¿Cuáles son sus orígenes?preguntó sin despegar la vista de sus hilos.

—Mecnia es tecnología hecha magia. Es una mezcla líquida de los cuatro elementos naturales: agua, fuego, tierra y viento. Su color es blanquiazul. A ver, qué más… Daat se acariciaba la barbilla con el dedo índice y pulgar de la mano derecha, pensando—. ¡Ah, sí! Nuestros antepasados la crearon allá por las tierras de Noctum. La mecnia no sólo les unía más con la naturaleza, también les proporcionaba estados beneficiosos y poderes. Al principio se bebían el líquido blanquiazul como un mero brebaje, pero entonces… llegaron guerras. Cada vez se precisaba más poder, el anhelo de mecnia y la desesperación dieron lugar a una codicia mortífera. Y pasaron de beberse pociones de mecnia a inyectársela directamente en las venas. No todo el mundo podía soportar el nuevo flujo blanquiazul en sus cuerpos… Sólo los más fuertes de mente y cuerpo sobrevivieron… Al cabo de años… bueno, años no, siglos, nosotros la hemos heredado. Así que la mecnia fluye junto a la sangre por nuestras venas desde que nacemos. —Daat sonrió satisfecha a Arlina.

—Veo que os lo aprendisteis bien. ¡Debéis tener una maestra excelente!

—Va, madrina, ¡no te eches tantas flores!

—Contestadme ahora a esto: ¿cuáles son los usos de la mecnia, y cuándo es posible empezar a utilizarla?

—Sus usos son… infinitos, madrina. Eso se puede intuir por el día a día, sin que me lo hubieses explicado. La mecnia nos permite sacar cualquiera de los elementos naturales con el que tengamos afinidad suficiente, directamente desde nuestra propia mano. Pero para ello tenemos que ser maduros, debemos tener el cuerpo y la mente bien capacitados. Por norma general, nadie puede sacar mecnia hasta rondar la mayoría de edad. ¡Ja! —concluyó la princesa—. ¿Qué te parece? Soy buena, ¿eh?

—Ahora sois vos quien os echáis las flores. —La madrina sonrió.

—Eso es algo que también he aprendido de ti, Arlina.

—Ahora podemos pasar a la siguiente lección. Decidme, princesa Daat: ¿A qué seguiríais primero, a la razón o al corazón?

—¿Y esta pregunta a qué viene, Arlina?Se cruzó de brazos e infló los mofletes—. Ya tengo bastante con las matemáticas, la gimnasia, la historia y las pociones… Ah, claro, ¡y la dichosa literatura! —Daat soltó un resoplido quejica.

—Son menesteres necesarios para vuestra correcta educación.

—Sí, Arlina, sí. Pero necesito mi tiempo libre, eso tienes que entenderlo.

Daat pasó una de las dos trenzas de su cabello rubio por detrás de la oreja. La gran puerta marrón de la habitación se entreabrió. Una pequeña cabeza peluda la empujaba hasta caber entre el fino espacio y adentrarse. Era un cachorro de tigre blanco, que corría moviendo la cola y dando pequeños saltos tiernos sobre el suelo hasta saltar sobre las piernas de su amada Daat.

—¡Bilan! Esta mancha negra de aquí no es de tu pelaje, ¿eh? ¿¡Dónde te has metido para ensuciarte así?! ¡Travieso!

El animal contestó sacando la lengua y acomodándose en el regazo de la princesa. Ésa era su manera particular de disculparse. Daat paseó sus dedos por la suave nuca de Bilan, acariciándolo con dulzura hasta que éste se acurrucó por completo.

—Bueno, vale, te perdono… pero la próxima vez vuelve más limpito, ¿de acuerdo? ¿Ves, Arlina? dijo Daat, dirigiéndose esta vez a su madrina—. ¡Hasta Bilan sale más del palacio que yo!

—No comparéis vuestras responsabilidades con las del cachorro, princesa. Además, bien sabéis que es deseo de vuestra madre, la reina Keter, que vos os eduquéis y maduréis antes que el resto de los jóvenes de Basius.

—¿Acaso no soy madura? —Daat amenazó a su madrina con la mirada.

Arlina dejó de coser. Suspiró.

—Mi bella Daat… Tenéis dieciséis años, y sí, sois madura. Pero todavía no sois…

—”Pero todavía no soy mecnia”, lo sé… —confesó a regañadientes con una voz burlona, ladeando la cabeza de un lado para otro.

—No es sólo eso. Habéis de tener en cuenta que corren tiempos difíciles…

Daat agachó la mirada y dejó de acariciar a Bilan. La luz de sus ojos se apagaba. Arlina, la madrina, levantó su voluminoso cuerpo del sillón y dirigió sus pasos pesados, uno a uno, hasta el ventanal. Se fijó en el suelo exterior nevado bajo el cielo azul, en la gente que se veía diminuta desde su alta posición en la torre. Algunos niños correteaban con alegría sobre la nieve, y las personas grandes también parecían moverse despreocupados. Se observaban las casas agraciadas de la ciudad de Vitrum y el océano marcando el horizonte tras las montañas blancas.

—Todo lo que tenemos bajo los pies se lo debemos a vuestra madre, la reina Keter. Lo sabéis, sabéis que luchó como nadie ha luchado nunca para evitar la degradación de Basius. Sé que erais muy pequeñita, pero, ¿recordáis qué pasó hace diez años?

—Solamente recuerdo… oscuridad. Gritos, dolor, quejas… y el fuego en el cielo. Un pájaro de llamas muy grande…

—Sí, el Fénix. Desde esta misma ventana, princesa, se veía gente muerta en el suelo. La nieve era roja, manchada de sangre.

—Noctum, ¿verdad? ¡Fueron ellos quienes nos atacaron!

—Correcto, mi bella Daat. Pero, ¿qué sabéis de Noctum? ¿Quiénes son ellos? —preguntó, con la mirada todavía perdida en el ventanal.

—Dicen que en Noctum el cielo siempre está oscuro, que nunca aparece el sol. Dicen que no hay mares, y que los ríos no son de agua, sino de lava. Noctum es donde envían a los pecadores de Basius, aquellos a quienes se les ha quemado el corazón. Pues allí no existe el amor, ni el matrimonio. Ni siquiera la fidelidad. Dicen que utilizan dinero, y que el dinero les utiliza a ellos. Que matan y comen animales… —Daat volvió a acariciar a Bilan, y éste bostezó— y personas.

—Eso es. Noctum es un infierno. Pero también posee mucha gente de nuestras tierras, y son ellos mismos los que pelearán contra nosotros una vez el Fénix vuelva a nacer.

—Diez años, ¿verdad? El Fénix necesita diez años…

—Sí, princesa. —Arlina se apartó del ventanal, volviéndose de nuevo hacia Daat—. El Fénix precisa de diez años para renacer después de haber sido derrotado. Y ya mismo se cumplen desde que la reina Keter le derrotase durante la última guerra. Cuando sus llamas vuelvan a iluminar la oscuridad del continente del sur, deberemos estar preparados. Por eso es necesario que aprendáis a utilizar vuestra mecnia lo antes posible.

—Está bien… Seguiré esforzándome, madrina. Lo prometo.

—Sé que no me defraudaréis.

—Por cierto, Arlina… ¿qué es lo que buscan ganar los de Noctum con esta guerra? ¿Por qué luchan?

—Cada uno tendrá sus motivos, mi bella Daat. Hay quienes piensan que no merecen haber sido expulsados de Basius. Algunos querrán volver con sus familias; otros simplemente echarán de menos el sol y las comodidades oriundas de nuestras tierras. Pensad que, en un lugar sin agua, sin la luz del sol y con tanta lava, no habrá vegetación. —Arlina echó una mirada a las plantas de la habitación—. Ni siquiera existirán las flores. Bien es sabido que la gente en Noctum no vive, intenta sobrevivir.

—¡Qué duro! Noctum… No me puedo ni imaginar cómo se las apaña la gente por allí…